The Da Vinci Code, EE.UU., 2006, 149’, dirigida por Ron Howard, con Tom Hanks, Audrey Tautou, Jean Reno, Ian McKellen, Paul Bettamy, Alfred Molina, Jürgen Prochnow. Puntaje: 2.
Puntaje: 6
El último acto de invasión del cine de Hollywood ha sido el más salvaje y, a la vez, el más vacío. Todo lo que queda, sacando la hojarasca del marketing, es esta película aburrida y sosa, que desgrana a lo largo de dos horas y media una serie de conversaciones sobre el origen y desarrollo del cristianismo, apenas sazonadas con algún acto de sadomasoquismo, un par de asesinatos y nada pero nada de erotismo. El código Da Vinci es la inversa exacta de las películas de Hitchcock que montaban sobre un falso secreto y la persecusión de un inocente un festival de recursos cinematográficos. Por ejemplo, en Intriga internacional, el maestro inglés hacia que un misterio pusiera en movimiento a los personajes y los hiciera interactuar, permitiéndole al director desplegar sus temas de interés y crear sus fantásticas escenas. El enigma, finalmente, no le interesaba a nadie y apenas se lo mencionaba: era el famoso McGuffin, apenas una excusa argumental, un truco. En El código Da Vinci pasa al revés: el McGuffin es todo, los personajes discuten interminablemente sobre la historia del cristianismo sin que a ese discurso se le agregue desde lo visual alguna idea relacionada con el cine. Plana como un desierto, con personajes unidimensionales (salvando al de Ian McKellen, que transpira un poco la camiseta), la adaptación del libro de Dan Brown es uno de los más grandes fiascos producidos por Hollywood: nunca un producto de marketing renunció al cine de manera tan ostensible.
Por Gustavo Noriega
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